Denise Dresser fue exhibida por sus privilegios de élite, posturas clasistas y polémicas públicas que mostraron su distancia con el pueblo.
Denise Dresser encarna el perfil del intelectualismo de élite en México, con una trayectoria marcada por privilegios y polémicas.
Nieta de un alto directivo de General Motors y doctora en Ciencia Política por Princeton, ha recibido financiamiento de fundaciones como Ford y Rockefeller, pero sus posturas liberales y de derecha la han convertido en una de las voces más críticas contra gobiernos de izquierda.
Sus detractores la acusan de clasismo y racismo, recordando frases como que Delfina Gómez ganó “a pesar de ser maloliente” o que “todos los morenistas vivan en Iztapalapa”. También fue sancionada por violencia de género contra Andrea Chávez y expulsada de la marcha del 2 de octubre por manifestantes que la llamaron “oportunista”.
Su estilo paternalista, al afirmar que los mexicanos “volvieron a colocarse las cadenas” tras el triunfo de Sheinbaum, refuerza la percepción de una figura distante, elitista y desconectada del sentir popular.

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Autor: Edward E. López
