La presentación de Bad Bunny en el Super Bowl LX desató un intenso debate cultural y político al verlo como un acto de protesta social.
La presentación de Bad Bunny en el Super Bowl 2026 reavivó el debate sobre el racismo en la NFL, una liga que nació segregada, excluyendo a jugadores negros durante años y que aún mantiene el poder en manos blancas mientras utiliza cuerpos racializados como espectáculo.
En contraste, el artista puertorriqueño cantó principalmente en español, reivindicando el orgullo latino y la unidad cultural, aunque su mensaje fue más simbólico que una denuncia directa al poder. La polémica se amplificó con la reacción de Donald Trump, quien calificó el show como antiamericano y atacó el uso del español, reafirmando el rechazo conservador a la diversidad cultural.
Paralelamente, surgió el debate sobre Lady Gaga, señalada como sionista por su apoyo público a Israel y su silencio frente al genocidio en Gaza, lo que refuerza su imagen pro-Israel. Además, el rol de Jay-Z, fue cuestionado por aparecer en los archivos Epstein, lo que sugiere que la inclusión de Bad Bunny funcionó como un gesto controlado más que como una protesta genuina.
En este escenario, la NFL administra el descontento, transformando la cultura popular en un símbolo mediático donde convergen la agenda global, la agenda nacional, la ética pública, la credibilidad social, y la tensión entre pluralismo político y gobernabilidad democrática en la sociedad contemporánea.

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Autor: Edward E. López
