La destitución de Dina Boluarte marca otro capítulo en la inestabilidad de Perú, donde el Congreso, oposición y ciudadanía han sido clave.
Dina Boluarte fue destituida como presidenta de Perú por incapacidad moral permanente, tras una votación exprés del Congreso que alcanzó 122 votos a favor, muy por encima del mínimo requerido.
La decisión se basó en su falta de acción frente a la inseguridad ciudadana, el avance del crimen organizado y una serie de escándalos políticos que deterioraron su legitimidad.
Boluarte no se presentó a ejercer su derecho de defensa, lo que reforzó las críticas sobre su ausencia de voluntad política. La destitución ocurrió a seis meses de las elecciones generales de 2026, en medio de una crisis institucional que arrastra desde la caída de Pedro Castillo.
El ataque al grupo musical Agua Marina, que dejó cinco heridos, fue uno de los detonantes simbólicos del colapso de su gestión. El Congreso aprobó cuatro mociones de vacancia presidencial, y el nuevo presidente interino, José Jerí, asumió el cargo con la promesa de iniciar una etapa de reconciliación nacional.
Este episodio marca otro capítulo en la inestabilidad política peruana, donde el Congreso, la oposición, y la presión ciudadana se han convertido en actores decisivos para la continuidad presidencial.

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Autor: Edward E. López
