Francisco Labastida reapareció como un símbolo opositor, pero su pasado lo persigue con acusaciones de vínculos con el narco en Sinaloa.
Francisco Labastida Ochoa, exgobernador priista y excandidato presidencial, reapareció como voz de la oposición pese a que su trayectoria está marcada por señalamientos de vínculos con el narcotráfico.
Informes de la CIA lo acusaron de proteger a capos como Félix Gallardo durante su gobierno en Sinaloa (1987-1992), mientras periodistas recuerdan episodios de colusión policial y su respaldo político a Mario López Valdez “Malova“, uno de los mandatarios más señalados por favorecer al Cártel de Sinaloa.
Aunque Labastida insiste en que “limpió” corporaciones y enfrentó al crimen, su memoria selectiva omite crisis de violencia, acuartelamientos militares y la influencia de operadores como Jesús Antonio Aguilar Íñiguez “Chuy Toño“, símbolo de la narcopolítica sinaloense.

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Autor: Edward E. López
