El Pentágono no confirmó públicamente cuál será el destino final de los bombarderos B-2 pero no se descarta su uso contra Irán.
La movilización de bombarderos B-2 por parte de Estados Unidos sobre el océano Pacífico ha desatado un nuevo foco de atención en el contexto de la creciente tensión con Irán. El despliegue ocurre en medio de rumores sobre una posible intervención militar estadounidense, mientras el presidente Donald Trump mantiene abierta la posibilidad de unirse a los recientes ataques israelíes contra instalaciones nucleares iraníes.
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Este sábado, varios bombarderos B-2 despegaron desde una base en el centro de Estados Unidos y fueron rastreados volando frente a la costa de California, acompañados por aviones cisterna de reabastecimiento en vuelo.

Estados Unidos moviliza sus bombarderos B-2 hacia el Pacífico
Fuentes militares confirmaron posteriormente que la flota se dirige a la isla de Guam, aunque no se descarta un futuro traslado a la base Diego García, en el océano Índico, desde donde podrían operar directamente hacia objetivos en Medio Oriente.

De acuerdo con fuentes citadas por Reuters y The New York Times, el movimiento forma parte de los preparativos estratégicos de Estados Unidos en caso de que Trump decida intervenir directamente en la ofensiva israelí contra Irán. Aunque el Pentágono no confirmó públicamente el destino final de los aviones, un alto funcionario reconoció que la opción de reubicar los bombarderos B-2 a Diego García “permanece sobre la mesa”.

El presidente Trump afirmó el viernes que Irán tiene un “máximo” de dos semanas para evitar un ataque estadounidense. Esa declaración intensificó la especulación sobre un inminente uso de fuerza aérea contra instalaciones como Fordo, una planta subterránea clave del programa nuclear iraní. Aunque Washington no ha emitido órdenes definitivas, el despliegue de los bombarderos B-2 indica que el escenario militar está en evolución.

¿Qué son los bombarderos B-2? Joyas tecnológicas del arsenal estadounidense
El bombardero furtivo B-2 Spirit es considerado uno de los aviones militares más sofisticados y costosos del mundo. Con un precio estimado de 2 mil 100 millones de dólares por unidad, estos aparatos pueden transportar más de 18 mil kilos de armamento, incluyendo las bombas antibúnker GBU-57 MOP (Massive Ordnance Penetrator), diseñadas específicamente para destruir estructuras subterráneas reforzadas como las de Fordo.

Fabricado por Northrop Grumman, el B-2 fue concebido durante la Guerra Fría como una plataforma de ataque estratégico capaz de evadir radares enemigos. Gracias a su diseño angular y materiales que absorben ondas de radar, su huella es comparable a la de un ave pequeña, lo que lo convierte en prácticamente indetectable.
Cada B-2 es operado por solo dos pilotos, lo que, junto a su automatización avanzada, optimiza su funcionamiento en misiones de largo alcance. Su capacidad para transportar una o dos bombas GBU-57 por misión lo convierte en el único avión del arsenal estadounidense apto para destruir búnkeres a gran profundidad, una ventaja crucial en el contexto del posible conflicto con Irán.

