El legendario Gerónimo, gran líder de los apaches
Opinión

El legendario Gerónimo, gran líder de los apaches | Fernando Padilla Farfán

nos presenta en esta ocasión una reflexión sobre Gerónimo, un destacado jefe militar de los apaches.

Los apaches fueron un grupo de pueblos indígenas que habitaron en las regiones del suroeste de los Estados Unidos y el norte de México. Su historia se extiende a lo largo de varios siglos.

El líder más famoso de los apaches, Gerónimo, se convirtió en la pesadilla de los gobiernos de México y Estados Unidos durante años, organizando revueltas y escapando constantemente de sus perseguidores. Al final, cansado y alcoholizado, acabó sus días en una reserva. Aún en esas condiciones era una celebridad.

El legendario Gerónimo, que inspiró varias películas, nació el 16 de junio de 1829 en un campamento cercano al río Gila, en el territorio de Sonora. Bautizado en su lengua nativa como Goyaalé, «el que bosteza». Los apaches eran ya en aquel entonces una población prácticamente sedentaria que se dedicaba a cultivar judías, maíz y patatas. Esporádicamente realizaban algunos robos, pero generalmente sus relaciones con los mexicanos eran pacíficas.

Quienes le odiaban y temían creían firmemente que Gerónimo poseía atributos místicos, entre los que destacaban que era capaz de hacer encasquillar los rifles de sus enemigos y que hacía inmunes a las balas a todos aquellos que cabalgaban junto a él. Creían que era un hombre «medicina»; era un experto en hierbas y en curación. Además, aseguraban que era un adivino.

Gerónimo llevó una vida depredadora. Junto con sus seguidores llevó una vida depredadora: saqueaban y robaban ganado para luego esconderse en las estribaciones de la Sierra Madre.

En 1861, el ejército de Estados Unidos comenzó una guerra contra Gerónimo con la intención de acabar con él y sus incursiones. Durante diez años las tropas norteamericanas perpetraron atrocidades de todo tipo contra las poblaciones apaches. En supuestas reuniones de paz, el ejército de EE. UU. asesinó a sus caudillos y les impuso como condición para poder salvar sus vidas la reclusión de su tribu en reservas.

En 1871, el jefe apache Cochise aceptó rendirse y su pueblo fue confinado en cuatro reservas situadas en Nuevo México y Arizona. Aquella «paz» duró poco ya que en 1877 las autoridades norteamericanas dieron la orden de trasladar a los apaches a la reserva de San Carlos. Aquella decisión también enviaba un mensaje a Gerónimo que acudió a parlamentar. Sin embargo, no se respetó la tregua: los soldados estadounidenses lo atraparon, lo encadenaron y encerraron en una prisión militar durante cuatro meses. Después escapó, y al mando de 375 seguidores huyeron del lugar causando todo tipo de estropicios.

Durante algún tiempo, Gerónimo dio algún que otro problema en la reserva debido a su adicción al alcohol. Cansado de aquella vida y de las prohibiciones del «Gran Padre Blanco» (Gobierno estadounidense), el líder organizó una nueva revuelta y huyó con un pequeño grupo de partidarios. Sorprendido en la Sierra Madre occidental, por un grupo de soldados estadounidenses que habían realizado otra incursión ilegal en territorio mexicano, Gerónimo y sus lugartenientes prometieron verse con el general Crook en la frontera. El 25 de marzo de 1886 fueron fieles a su cita, aunque lo hicieron completamente borrachos. El general permaneció con gesto pétreo y se limitó a lanzarles un ultimátum: «O se rinden o los mataré, aunque me lleve 50 años». A lo que

Gerónimo respondió: «Me entrego. Una vez fui como el viento. Ahora me entrego ante ti, y eso es todo».

Gerónimo todavía vivió 23 años más, reasentado como un pacífico granjero en Fort Sill, Oklahoma. El mito del gran jefe Gerónimo proviene de esa época, cuando el antiguo caudillo empezó a ser invitado como si de una gran celebridad se tratase, a ferias y festivales dedicados al Viejo Oeste. En 1905 participó en el desfile inaugural del presidente Theodore Roosevelt y dictó su autobiografía en términos exagerados y casi legendarios.

Gerónimo se convirtió al cristianismo, pero nunca renunció a sus creencias apaches ancestrales.

 

#FernandoPadillaFarfán

Entradas relacionados

Una Revolución Institucional

Irving

La felicidad, las palabras y la oxitocina | Fernando Padilla Farfán

Redactor

Altas montañas más cerca del sol, pero más frías | Fernando Padilla Farfán

Redactor