A pesar de haber sido el partido hegemónico durante casi todo el siglo XX, actualmente el PRI solo cuenta con dos gubernaturas.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) conmemoró su aniversario el pasado 4 de marzo, pero lejos de celebrar, el partido que alguna vez fue considerado invencible se encuentra inmerso en una crisis política que podría desembocar en su extinción.
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Presidido por Alejandro Moreno Cárdenas, también conocido como Alito, el partido tricolor se encuentra sumido en una crisis que lo ha llevado a perder gran parte de su poder territorial y electoral.

La hegemonía del PRI y su caída en las elecciones
El PRI tiene sus orígenes en el Partido Nacional Revolucionario (PNR), fundado el 4 de marzo de 1929 por Plutarco Elías Calles, en un intento por institucionalizar la Revolución Mexicana.
A lo largo de su historia, evolucionó hasta convertirse en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938 y finalmente en el Partido Revolucionario Institucional en 1946.

Durante décadas, el PRI fue el partido hegemónico en México, pues controlaba la presidencia de la república y las principales gubernaturas hasta el 2000.
En sus mejores tiempos, el PRI contó con estructuras de movilización territorial sólidas, respaldadas por sindicatos como la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Nacional Campesina (CNC), además del apoyo del magisterio y organizaciones populares.
Su modelo de partido-Estado le permitió mantener el control político y económico del país por casi todo el siglo XX.

En 2024, el PRI formó parte de la coalición con el PAN y el PRD, sus antiguos adversarios, en un intento desesperado por recuperar el poder. Sin embargo, los resultados fueron desalentadores: apenas logró 5.7 millones de votos, un 9.54 por ciento del total, lo que dejó en claro su debilitamiento político.
Además, su desempeño en las elecciones estatales y municipales ha sido catastrófico. De las 32 gubernaturas del país, solo conserva dos, y ha perdido la mayoría de los congresos locales. En la Ciudad de México, donde alguna vez fue un actor relevante, su representación es casi nula.
El fracaso del “nuevo PRI”
Durante el siglo XX, el partido tricolor se identificó con el nacionalismo revolucionario, pero con la llegada de los tecnócratas en los años ochenta, encabezados por Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, se inclinó hacia el neoliberalismo, alejándose de sus bases populares.

Esta transformación fracturó al partido y dio lugar al nacimiento del PRD en 1989, liderado por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. Años después, en 2014, surgiría Morena, el partido que llevaría a la izquierda al poder con Andrés Manuel López Obrador en 2018.
A esto se suma el desprestigio generado por escándalos de corrupción que involucran a exgobernadores y exfuncionarios priistas, lo que ha afectado severamente la confianza de la ciudadanía.
Casos como los de Javier Duarte en Veracruz, César Duarte en Chihuahua y Roberto Borge en Quintana Roo han contribuido a la crisis del partido.
La debacle del PRI con Alito Moreno
Desde que Alito Moreno asumió la dirigencia del PRI en 2019, el partido ha perdido 11 gubernaturas, incluyendo la del Estado de México en 2023, un bastión histórico.

Hoy, el PRI sólo gobierna Coahuila y Durango, una cifra impensable hace décadas cuando dominaba el mapa político del país.

Además, en agosto de 2024, Moreno Cárdenas logró reelegirse hasta 2028, con posibilidad de extender su mandato hasta 2032, lo que ha generado fuertes críticas dentro y fuera del partido.


El liderazgo de Moreno ha sido señalado por prácticas autoritarias, exclusión de voces críticas y una estrategia que muchos consideran errónea, basada en la supervivencia de la cúpula priista más que en la revitalización del partido.

Diversos exlíderes y militantes han exigido su renuncia, bajo el argumento de que su permanencia solo agrava la crisis.
